miércoles, 1 de octubre de 2014

Capitulo 2

Demasiado dolorida para desperezarme, me permití un larguísimo bostezo, hice una mueca al sentir un aguijonazo de dolor en la mandibula, y luego volví a echar un vistazo a Tipo Muerto. Estaba borroso. Pero no porque estuviera muerto, sino porque eran las 4:34 de la madrugada y me habían pateado el culo pocas horas antes.
- Hola- dijo, nervioso.

Llevaba un traje arrugado, unas gafas de cristales redondos y el cabello alborotado de un modo que le hacía parecer una mezcla entre ese-joven-mago-a-quien-todos-conocemos-y-adoramos y un cientifico chiflado. Tambien tenia dos agujeros de bala en un lado de la cabeza, y la sangre chorreaba desde su sien derecha hasta la mejilla. Ninguno de esos detalles suponia un problema. El problema residia en el hecho de que el tipo estaba en mi habitacion. De madrugada. Mirandome como uno de esos tios que se dedican a observar a hurtadillas a las mujeres desnudas.

Le dirigi mi infameirada mortal, superada tan solo por mi infame mirada aborchonante, y obtuve una respuesta inmediata.
- Perdon, perdon- dijo de manera aturullada-, no pretendia asustarte.
¿Acaso parecia asustada? Era evidente que debia perfeccionar mi mirada mortal.

Pase de él y me baje de la cama poco a poco. Llevaba puesta la camiseta de rugby del Alumini que le habia sisado al quaterback, y unos boxer a cuadros (mismo equipo, diferente puesto). Chihuahuas, tequila y strip poker. Una noche que siempre encabezara mi lista de «Cosas que jamas volvere a hacer».

Con los dientes apretados para mantener a raya la agonia, arrastre mis doscientos quince kilos de peso hacia la cocina y, mas importante aun, hacia la cafetera. La cafeina eliminaria el exceso de kilos y me haria recuperar el peso normal en cuestion de segundos.

Dado que mi apartamento tenia mas o menos el tamaño de una caja de galletas, no tarde mucho en encontrar el camino a la cocina en la oscuridad. Tipo Muerto me siguio. Siempre me seguian. Solo cabia esperar que mantuviera la boca cerrada el tiempo suficiente para que la cafeina surtiera efecto. Ppr desgracia, no tuve tanta suerte. Apenas habia apretado el boton de encendido del aparato cuando empezo a hablar.
- Mmm... Bueno...- me dijo desde la puerta-, resulta que fui asesinado ayer, y me dijeron que debia verte.
- Eso te dijeron, ¿eh?

Me dio por pensar que si me cernia sobre la cafetera con aire amenazador, era posible que la maquina desarrollara una eespecie de complejo de inferioridad y preparara el cafe mas rapido solo para demostrar que podia hacerlo.
- Aquel chico me dijo que resolvias crimenes.
- ¿De verdad te dijo eso?
- Eres Lali Esposito, ¿no?
- Esa soy yo.
- ¿Eres poli?
- Yo no diria eso.
- ¿Ayudante del sheriff?
- No.
- ¿Te encargas de las multas de aparcamiento?
- Mira- le dije, volviendome hacia él por fin-, no te ofendas, pero por lo que se podrias haber muerto hace treinta años. Los difuntos no son conscientes del paso del tiempo. Cero. Nada. Niente.
- Ayer, dieciocho de octubre, a las cinco y media de la tarde, recibi dos tiros en la cabeza que me provocaron un traumatismo cerebral y la muerte.
- Vaya- replique al tiempo que tiraba de las riendas de mi escepticismo-. Vale, no soy poli.- Me volvi hacia la cafetera, decidida a doblegar su voluntad de hierro con mi infame mirada mortal, superada tan solo por mi...
- Bueno, ¿que eres entonces?
Me pregunte si la peor pesadilla de uno podia sonar estupida.
- Soy detective privado. Doy caza a adulteros y a perros perdidos. No resuelvo casos de asesinato.

En realidad si lo hacia, pero él no tenia por que saberlo. Acababa de cerrar un gran caso. Tenia la esperanza de poder disfrutar de unos dias de descanso.

- Pero ese chico...
- Angel- dije, arrepentida de no haber exorcizado a aquel diablillo cuando tuve la oportunidad.
- ¿Era un ángel?
- No su nombre es Angel.
- ¿Se llama Angel?
- Si. ¿Por que?- pregunte, harta ya de aquel jueguecito de palabras.
- Pense que podria haber sido un ángel.
- Es su nombre. Y, creeme, es cualquier cosa menos eso.

Cuando termino la era geologica en la que los organismos unicelulares evolucionaron para convertirse en presentadores de programas de entrevistas, el señor Cafe aun seguia haciendome esperar. Me rendi y decidi ir a hacer pis.
Tipo Muerto me siguio. Siempre me sig...

- Eres muy... brillante- dijo.
- Vaya, gracias.
- Y tambien chispeante.
- ¿No me digas?

Aquello no era nada nuevo...

2 comentarios: