Asintió con tristeza. Le pedí a Benja que se acercara y ambos
acordamosque el agente y yo llamaríamos a la puerta e informaríamos a la
hermana de Elizabeth. La abogada me ayudaría a saber qué debía decirle.
Su presencia haría que las cosas nos resultaran mucho más fáciles. Al
menos, eso pensaba yo. Una hora después, estaba en el monovolumen de mi
tío, respirando dentro de una bolsa de papel.
- Deberías de haberme esperado- dijo él, siempre tan servicial.
Nunca más. Era evidente que ...
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Nunca más. Era evidente que había familiares que se querían de verdad los unos a los otros. ¿Quién lo habría imaginado? La mujer había sufrido un colapso emocional entre mis brazos. Lo que pareció perturbarla más fue el hecho de que el cuerpo de Elizabeth hubiese permanecido al lado de su casa toda la noche sin que ella se diera cuenta. Habría sido no contarle esa parte.
Se aferró a ms hombros, me clavó las uñas en la piel y agitó su cabello alborotado por el sueño (una mezcla entre el estilo disco y el peinado de una adicta al crack) en mudas negaciones; luego se desplomó sobre el suelo y comenzó a llorar. Una crisis emocional en toda regla.
Lo peror fue que yo también me derrumbé en el suelo y lloré con ella. No tenía problemas con la gente muerta. Por lo general, los muertos ya no sufrían ataques de histeria. La histeria estaba reservada para las personas a quienes dejaban atrás. Lo más duro.
Nos abrazamos durante un buen rato, hasta que llegó el tío Nico y me alejó de ella. El cuñado de Elizabeth ya había despertado a los niños y había salido con ellos por una puerta lateral para ir en coche hasta la casa de la abuela.
En resumen, en aquella familia había mucho amor.
- Tranquilizate- dijo el tío Nico mientras yo jadeaba dentro de la bolsa-. Si hiperventilas y te desmayas, no pienso sujetarte. Me hice daño en el hombro el otro día, jugando al golf.
En mi familia también había mucho amor.
Intenté respirar más despacio, pero no podía dejar de pensar en la pobre mujer que había perdido a su hermana, a su compinche. ¿Qué haría ahora? ¿Cómo saldría adelante? ¿De dónde sacaría coraje para seguir sin ella? Empecé a llorar de nuevo, así que el tío Nico se rindió y me dejó a solas en el monovolumen.
- Estará bien, cielo.
Observé a Elizabeth en el espejo retrovisor y sorbí por la nariz.
- Es fuerte- añadió.
Sabía que ella estaba conmocionada, y tmabién que yo no era de mucha ayuda en aquel estado. Sorbí de nuevo por la nariz
- Lo siento. No debería haber entrado en la casa.
- No. Aprecio mucho que hayas consolado a mi hermana, que no haya teinido que recibir las noticias de labios de un puñado de polis insensibles. En ocasiones, los tíos no saben cómo hacer las cosas.
Eché un vistazo a Benja, que en ese momento estaba hablando con el tío Nico, y vi cómo negaba con la cabeza antes de mirarme inexpresivo.
- Sí, supongo que eso es cierto.
Necesitaba largarme de allí cuanto antes, pero Elizabeth deseaba ir a casa de su madre para ver cómo estaban las cosas, así que quedamos en encontrarnos en mi oficina más tarde. Luego le pedí a otro agente que me llevara hasta mi jeep.
El trayecto me relajó bastante. La gente salía de su casa de camino al trabajo. El sol, que aún se cernía sobre el horizonte, proyectaba un suave resplandor en el cielo despejado y le daba a Buenos Aires la prespectiva de un nuevo comienzo. Las casa de estilo hacienda, con cuidadas zonas ajardinadas, dieron paso al distrito comercial, donde los edificios viejos y nuevos ocupaban cada centrímetro del terreno disponible.
- Bueno, ¿se siente mejor ya, señorita Esposito?
Observé con detenimiento al agente Poli (Pablo). Era uno de esos polis jóvenes que intentaban ganar puntos con mi tío Nico, y había accedido a llevarme solo porque pensaba que eso podría suponer un impulso para su carrera. Me pregunté si sabía que tenía a una niña muerta en el asiento de atrás. Lo más probable era que no.
- Mucho mejor, gracias.
Sonrió. Puesto que ya me había hecho la pregunta educada de rigor, podría ignorarme el resto del camino.
Y aunque por regla general me da igual que pasen de mí, lo cierto era que quería hacerle algunas cuantas preguntas sobre aquella rubita de alrededor de nueve años que lo miraba con cara de adoración, como si el policía acabara de salvar el planeta de la destrucción total. Sin embargo, esa línea de interrogatorio requería tacto. Destreza. Sutileza.
- ¿Es usted el agente que vio morir a una niña en su auto patrulla hace poco?
- ¿Yo?- inquirió sorprendido-. No. Al menos, espero que no.- Rió entre dientes.
- Ah, bien. Me alegro.
Poli se removió con incomodidad en su asiento, como si sopesara lo que acababa de decirle.
- No me había enterado de eso. ¿Es que alguien...?
- Bueno, es solo un rumor, ya sabe.
Era muy posible que el agente Poli hubiera oído algún cotilleo sobre mí en boca de los demás chcos del patio. El recreo era un buen caldo de cultivo para los chismes.
Estaba claro que él deseaba mantener la charla al mínimo, pero me consumía la curiosidad.
- ¿No ha muerto ninguna niña cercana a usted recientemente? ¿Una rubita?
En aquel momento, Poli empezó a mirame como si se me cayera la baba y me hubiera vuelto bizca de repente. Me pasé la manga por el lado hinchado de la cara, por si acaso.
- No.- Luego lo pensó bien-. Pero murió una niña rubia en un caso que atendimos hace un mes. Le practiqué la reanimación cardiopulmonar, pero ya era demasiado tarde. Fue muy duro.
- Seguro que sí. Lo siento. La niña suspiró.
- ¿No es el mejor?- Solté un resoplido.
- ¿Qué pasa?- inquirió el agente.
- Nada, nada. Solo pensaba en lo duro que debió de ser.
- Cuidado, zorra.
Concentré cada fibra de mi ser en no permitir que mis ojos se abrieran como platos a causa de la sorpresa. los vivos les resulta extraño que reacciones ante algo que ellos no pueden ver ni oir. Me volví un poco hacia la niña, fingiendo que me interesaba por el paisaje que dejábamos atrás, y enarqué las cejas en una expresión interrogativa.
- No puedes quedarte con él, ¿vale?- dijo ella desde el otro lado de la reja de hierro.
- Mmm...- susurré.
El agente Poli me miró.
- Es un vecindario muy bonito.
- Sí, supongo que sí.
- Te arrancaré los ojos d esa cara fea que tienes.
¿ Fea? Ya estaba bien. Había llegado el momento de sacar el teléfono móvil.
- Vaya...- dije mientras rebuscaba en el bolso-. Me parece que mi movil ha empezado a vibrar.- Lo abrí-. ¿Hola?
- Yo en tu lugar dejaría lo del maquillaje brillante. No te sirve nada.
- Yo no llevo maquillaje brill...
- Y será mejor que dejes de mirarlo. Él se erece a una mujer más guapa.
- Mira, encanto- dije al tiempo que me daba la vuelta para mirar por la ventana y fingía hablar por teléfono con la esperanza de no parecer alguien que charlaba con una muerta sentada en el asiento de atrás-, yo ya mantengo una relación imposible con un tipo que está fuera de mi alcance. ¿Capisci?
La niña apretó los puños sobre sus caderas, enfundadas en un pantalón de pijama, y me fulminó con la mirada.
- Solo te aviso, zorra.
- ¿Te importaría dejar de llamarme eso, pequeña...?
Me di cuenta de que el agente Poli había fruncido el ceño en un gesto preocupado.
- La familia, ya sabe- dije encogiéndome de hombros.
Po supuesto
, el truquito del teléfono funcionaba mucho mejor cuando estaba activado el modo silencio. No había hecho más que empezar a explicarle a la niña que había una luz cerca y debería ir hacia ella cuando empezó a sonar la melodía de la Single Ladies de Beyoncé, lo que significaba que tenía una llamada entrante del tío Nico. Estuve a punto de dejar caer el móvil a causa del susto, pero conseguí sonreírle a Poli.
- La llamada anterior debe de haberse cortado.- No me atreví a comentar el hecho de que, supuestamente, el teléfono estaba en modo vibración momentos antes.
El poltergeist del asiento trasero soltó una risotada maligna. ¿De dónde demonios había salido aquella niña? Y entoces caí en la cuenta. Quizá aquel fuera el problema. Qizá fuera un demonio de verdad.
- Hola.
- Solo quieres que vaya hacia la luz para poder ligártelo- aseguró Niña Demonio.
- ¡De eso nada!
- Vale- replicó el tío Nico con tono hastiado-. No volveré a decirte hola.
- Lo siento, tío Nico, creí que eras otra persona.
- Me confunden muchas veces con Indiana Jones (en el libro pone Tom Selleck pero queria darle un toque de humor).- Poli se animó de repente.
- ¿Su tío necesita algo? ¿Un café? ¿Un café con leche?- Hacer la pelota era algo muy poco viril.
- Necesita que alguien se haga cargo de su hijo ilegitimo, si está usted interesado.
Los labios de Poli se apretaron en una fina línea mientras volvía a clavar la vista en la carretera.
Vale, lo admito. Había sido un comentario muy grosero. Y el demonio del asiento de atrás pensaba lo mismo. Intentó darme un puñetazo. Lo esquivé agachándome para recoger el bálsamo labia con sabor a cereza, que había dejado caer a propósito, y me eché a reír.
- Me tomaré eso como un <<estoy a tu disposición>>- dijo el tío Nico.
- Vale, está bien. A las nueve en punto en mi oficina. Me pasaré un momento por el apartamento para picar algo y después iré hacia allí.
- Gracias, jovencita. Por cierto... ¿estás bien?
- ¿Yo? Siempre- contesté mientras el demonio de pelo dorado se abalanzaba hacia delante para sacarme los ojos. Cayó fuera del coche en algún lugar de la calle-. Pero debo decirte, tío Nico, que acabo de descubrir pruebas irrefutables del motivo por el que algunas especies devoran a su progenie.
Que pasara en la oficina?? Que mas hara la Niña Demonio?? Se ira a la luz??
Gracias a todas las que comentais a Angy, Anonimo, Chari, Maria de los Angeles Ferreyra y a todas las que me seguis.
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ResponderEliminarJajajaj,dudo k la niña demonio ,abandone fácilmente
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