martes, 7 de octubre de 2014

Capitulo 5

Tantos muertos y tan poco tiempo...
Mariana Elizabeth Esposito

Desconcertada aún por la posible identidad del Hombre Onírico, me envolví con la toalla y abrí la cortina de la ducha. Sussman eligió aquel momento para asomar la cabeza a través de la puerta y mi corazón dio un salto mortal hacia el estómago, donde quedó ensartado sobre las afiladas terminaciones nerviosas allí presentes.

Me llevé las manos al pecho con un respingo, cabreada por lo fácil que resultaba asustarme. Había visto a los difuntos aparecer de la nada miles de veces, así que ya debería estar acostumbrada.

- Joder, Sussman! Ojala aprendieras a llamar a la puerta.
- Soy un ser incorporeo- dijo a modo de reproche.
Salí de la ducha y cogí un espray del tocador.
- Si pones un pie en el cuarto de baño, te borraré la cara con mi insecticida trascendental.
Abrió los ojos como platos.
- De verdad?
- No- respondí al tiempo que desistía de mi pose agresiva. Tenía un problema grave con lo de mentir a los difuntos-. Solo es agua. Pero no se lo digas al señor Habersham, el muerto del 2B. Este bote es lo único que mantiene a ese viejo verde alejado de mi cuarto de baño. Sussman enarcó las cejas al reparar en mi falta de ropa.
- Debo admitir que no puedo culparlo.

Después de asesinarlo con la mirada, abrí la puerta de golpe para atraversarle la cara y dejarlo desorientado. Sussman se llevó una mano a la frente y apoyó la otra en el marco de la puerta mientras esperaba a que se le pasara el mareo. Era muy fácil librarse de los novatos. Le concedí un segundo para recuperarse antes de señalar con el dedo el cartel colgado por fuera del baño.

- Memorízalo- le ordené antes de volver a cerrar de un portazo.
- «Prohibido el paso de gente muerta más allá de esta puerta»- leyó en voz alta desde el otro lado-. «Y sí, si de repente posees la capacidad de atravesar las paredes, estás muerto. No estás tumbado en alguna cuneta a punto de despertar. Acéptalo de una vez. Y mantente bien lejos de mi cuarto de baño.»- Volvió a asomar la cabeza a través de la puerta-. Esto es un poco cruel, note parece?

Tal vez el cartel fuera algo brutal para el nuevos, pero por lo general solía transmitir con claridad mensaje. Calvo al señor Habersham. Con él tenía que utilizar las amenazas. A menudo.

Incluso con el cartel, solía lavarme el pelo como si el apartamento estuviese en llamas. Me ponía de los nervios descubrir que había un muerto conmigo en la ducha después de enjuagarme. Si un muerto con un tiro en la cabeza aparece de repente mientras tomas el té o te relajas en la sauna, nunca vuelves a ser la misma.
Lo señalé con el índice.

- Fuera!- ordené, y luego volví a darle la espalda para contemplar en el espejo el espectáculo de mi rostro, hinchado y lleno de cardenales.

Aplicarse el maquillaje después de recibir una paliza era más un arte que una ciencia. Requeriá paciencia. Y muchas capas. Pero después de la tercera, se me agotó la paciencia y me lavé la cara para quitarme todo el potingue. En serio, quien iba a verme a esas horas de la madrugada? Para cuando terminé de recogerme el cabello castaño chocolate en una coleta, casi había conseguido convencerme de que los moratones y los ojos negros le daban un je ne sais quoi a mi apariencia. Un poco de corrector de ojeras, un toque de barra de labios y voilá, estaba lista enfrentarme al mundo. No obstante, la cuestión era: estaba el mundo listo para enfrentarse a mi?

Salí del cuarto de baño con una sencilla camisa blanca y unos pantalones vaqueros. Albergaba la esperanza de que la generosa extensión de busto que había dejado al descubierto me ayudara a conseguir un sólido 9'2 en una escala de 10. Tengo piso para dar Tomás. Solo por si acaso, desabroché el botón superior al fin de mostrar aún más el canalillo. Tal vez así nadie se fijara en el hecho de que mi cara parecía un mapa topográfico de Norte América.

- Vaya...- dijo Sussman-. Estás como un tren, a pesar de las leves desfiguraciones.
Me detuve para volverme hacia él.
- Que has dicho?
- He dicho... Que estas como un tren?
- Deja que te pregunte una cosa- le dije mientras me acercaba a él. El tipo de un cauteloso paso atrás-. Cuando estabas vivo, hace unos cinco minutos, más o menos, le habrías dicho una chica que acabasbas de conocer que estaba como un tren?
Lo pensó un momento antes de responder.
- No. Mi esposa no habría pedido el divorcio.
- En ese caso, por que los tíos tenéis la equivocada idea de que podeis decirle lo que queráis a quien queráis desde el momento en que morís?
Aquello también se lo pensó un momento.
- Porque mi esposa no puede oírme?- sugirió.

Lo atravesé con todo el poder de mi mirada mortal, que seguramente lo dejaría ciego para toda la eternidad, antes de coger el bolso y las llaves. Justo antes de apagar las luces, me di la vuelta.
- Gracias por el cumplido- le dije con un guiño. Él sonrió y me siguió afuera.

Al parecer, si está como un tren, como aseguraba Sussman, se trataba de un tren que atravesaba Siberia. Hacía un frío que pelaba. Y, como era de esperar, había olvidado coger la chaqueta. Me dio mucha pereza regresar a buscarla, de modo que corrí hacia mi Jeep Wrangler rojo cereza. Lo llamaba Misery, en honor al maestro del terror y todas las cosas espeluznantes. Sussman atravesó en la puerta para ocupar el asiento del acompañante.

- Así que el ángel de la muerte, eh?- . Preguntó mientras me ponía el cinturón de seguridad.
- Sí.
No sabías que estuviera al tanto del título de mi trabajo. Angel y él debían de haber hablado bastante. Giré la llave y Misery empezó a ronronear. Treinta y siete cuotas más y ese pequeño sería todo mío.
- No te pareces al ángel de la muerte.
- No lo has conducido, o sí?
- Bueno, no, enrealidad no- respondió.
- Tengo la túnica en la tintorería.
El comentario le hizo soltar una risilla avergonzada.
- Y la guadaña?
Le dirigí una sonrisa maligna y encendí la calefacción.
- Hablando de crimenes...

Seguira poco a poco ira apareciendo el hombre misterioso de los sueños... Ayudara a encontrar al asesino de este hombre, Sussman?

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