sábado, 18 de octubre de 2014

Capitulo 13

Me incliné hacia Euge.
- ¿Sabe Rufi que no se llama as...?
- No- respondió ella en un susurro.
- ¿Piensas decírselo?
- No. Así es mucho más divertido.
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Me reí por lo bajo, y luego recordé que Euge había tenido una cita en el médico el día anterior.
- ¿Qué tal te fue con el médico? ¿Alguna nueva enfermedad incapacitante que deba conocer?
- No, aunque he reafirmado mi respeto por el gel lubricante.
- ¡Ya ha llegado Fiona!- exclamó Rufi, que guardó el teléfono móvil y salió disparada hacia la puerta. Luego regresó a la carrera, le dio un beso a su madrey otro a mí (en la mejilla sana), y volvió a salir pitando.
Euge la siguió con la mirada.
- Es como un huracán mentafetamínico.
- ¿Has pensado en el Valium?- le pregunté.
- ¿Para ella o para mí?- Soltó una carcajada y se acercó a la cafetera-. La primera taza para mí.
- ¿Cuándo no lo es? Bueno, ¿qué te dijo el médico?- A Euge no le gustaba hablar sobre ello, pero había padecido un cáncer de mama que había estado a punto de ganarle la partida.
- No lo sé- respondió con un gesto de indiferenca-. Me haenviado a otro médico, una especie de gurú de la comunidad médica.
- ¿Enserio? ¿Cómo se llama?
- Doctor... Mierda, no me acuerdo.
- Ah, ese...- Esbocé una sonrisa-. ¿Y es bueno?
- Supuestamente. Creo que inventó los órganos internos o algo así.
- Bueno, eso es una suerte.

Sirvió dos tazas de café y volvió aa sentarse a mi lado.
- Estoy bien.- Añadió leche y azúcar a su café-. Creo que mi médico solo quiere cerciorarse de que la historia no vuelve a repetirse.
- Es cauto- señalé mientras removía el café de mi taza-. Agradezco esa cualidad en las personas, sobre todo en las que la vida y la muerte estan en sus manos.
- No quiero que te preocupes. Hacia muchos años que no me sentía tan bien. Creo que tú me mantienes joven.- Me guiñó un ojo por encima del borde de la taza.

Después de dar un largo sorbo, le pregunté:
- ¿No es ese el trabajo de Rufi?- Euge soltó un resoplido.
- Rufi aprovecha cualquier oportunidad para recordarme lo vieja y lo poco interesante que soy. <<No te pareces nada a Lali>>, me dice. Demasiado a menudo. Creo que está casi convencida de que fuiste tú quien puso la luna en el cielo.
- Me alegra que alguien piense eso- señalé al tiempo que enarcaba las cejas.
- Vaya- replicó ella mientras soltaba la taza de café-. ¿Es que has tenido otro encontronazo con ese rastreador macizorro?
Me recliné en la silla, molesta por el mero hecho de que él saliera a relucir en nuestra conversación. Y en mi propio apartamento, nada menos.

- Es un imbécil.
- Así que la respuesta es sí- dijo Euge, cuyo rostro empezóa iluminarse. Estaba bastante encaprichada con Benja. Y eso resultaba... perturbador-. Venga, desembucha.- se inclinó para acercase más-. ¿Qué dijo? ¿Tuvisteis unas palabritas? ¿Llegasteis a las manos? ¿Un polvo furioso?
- Puaj- exclamé arrugando la nariz-. No me acostaría con él ni aunque fuera el último rastreador del planeta.
- Entonces, ¿qué ocurrió? Tienes que contármelo.- Me agarró el cuello de la camisa con la mano libre. Intenté no echarme a reír-. ¿Cuándo te has dado cuenta de que vivo la vida indirectamente a través de ti?
- ¿Eso es lo que haces?
- Pues claro.- Me alisó el cuello de la camisa y volvió a coger la taza de café-. Tengo una hija preadolescente. No sé lo que es la vida social. No hay nada en mi agenda que no esté reacionado con el Disney Channel. Y en lo que se refiere al sexo...- Hizo un gesto dramático con la mano-. De eso mejor ni hablar. No he mantenido relaciones sexuales con algo que no tenga pilas desde hace años. Necesito todos los detalles, Lali.

En cuanto me recobré del comentario sobre las pilas, le dije:
- Traté de concertarte una cita con Dave Repartos.
- ¿El chico del pan?- Lo pensó y compuso una mueca-. Supongo que podría ser peor.
 Se me escapó una risotada, y ella sonrió.
- Bueno, ¿piensas contarme lo que ocurrió anoche o no?- preguntó.
- Ah, sí, lo de anoche.- Le conté lo que había ocurrido con el capullo del marido de Rosie, y le aseguré que me había encargado de que Rosie volara fuera del país, a un lugar seguro. Luego le hablé de mi mañana con el otro capullo, Benja, el rastreados escéptico. Y luego le narré el horrible momento que había pasado con la hermana de Elizabeth. Por último le conté la mejor parte. La parte de Peter.

- Así que Peter, ¿eh?
- Sí.
Soltó una carcajada.
- ¿Podrías repetir eso con un suspirillo más?
Sonreí y unté una capa de crema de queso y fresas sobre un panecillo de arándanos, lo que me libraba de mi ración diaria de frutas, lácteos y cereales de una sola tacada.
- La primera y única vez que lo vi fue la noche que estuve con Cande en South Valley.
- ¿Qué noche?- Un instante después, los ojos de Euge se abrieron como platos-. ¿Hablas en serio?
- En serio. Si no me equivoco, se trata de él.
Ella conicía la historia. Se la había contado una docena de veces. Por lo menos. Puesto que Euge se había quedado sin habla, volví a repasar lo que sabía de Peter. Aunque, por desgracia, no era mucho.

La única vez qu lo vi, estaba en primero de secundaria y la chillona de mi hermana Candela estaba en segundo. Para aprobar el curso debía realizar un proyecto de clase que era demasiado gallina para llevar a cabo sola. Y ahí era donde entraba Lali Esposito, la superhermana, santa y realizadora de proyectos.
Aunque no sin quejas, que conste. Por extraño que parezca, podía recordar nuestra conversación como si la hubiésemos mantenido el día anterior. Sin embargo, habían pasado doce años desde aquella noche terrible y hermosa. Una noche que nunca olvidaría.

- Si quieres saber mi opinión- le había dicho a través de la bufanda roja que me cubría la nariz y la boca-, no merece la pena morir por ningún proyecto, ni siquiera por los diez puntos extra en créditos que conlleva.
Cande se volvió haia mi y bajó la cámara de mi padre para aprtarse un rizo castaño de la cara. El frío de aquella medianoche de diciembre le añadía un brillo metálico asus ojos azules.
- Si no consigo esos créditos- dijo, y su aliento formó una nube de vaho en el aire congelado-, no podré pasar de curso.
- Lo sé- repliqué, intentando no parecer demasiado molesta-. Pero, en serio, si muero dos semanas antes de Navidad, regresaré de entre los muertos para atormentarte. Durante toda tu vida. Y créeme, sé muy bien cómo hacerlo.

Cande hizo un gesto despreocupado antes de volver a tomar fotografías de Buenos Aires. Las luminarias alineadas a lo largo de las aceras y los edificios proyectaban siniestras sombras en las calles desiertas. Para el final que debía despertar la conciencia comunitaria. Cande optó por hacer un video. Quería filmar la vida en las calles. Chicos problemáticos en busca de aceptación. Drogadictos en busca del siguiente chute. Gente sin hogar en busca de cobijo y comida.
Hasta el momento, lo único que había conseguido grabar era un chico dándose un trastazo con un monopatín y a una prostituta pidiendo un refresco.

Ya había pasado nuestra hora de regresar a casa, pero seguíamos a la espera, acurrucadas en las sombras de una escuela abandonada, temblando y haciendo lo posible por resultar invisibles. Los miembros de las bandas no habían dejado de importunarnos, ya que querían saber que hacíamos allí. Habíamos estado cerca del desastre dos veces, y yo había conseguido un par de números de teléfono, pero en general la noche había sido bastante tranquila. Probablemente porque la temperatura estaba por debajo de cero rados centigrados.

En cierto momento...

1 comentario:

  1. Con ese frío ,y siguen en busca d pruebas para subir nota.
    Esperop k les mereciera la pena y encontraran algo verdaderamente interesante.

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