—Lo conseguimos —dijo Elizabeth con expresión
radiante.
—Sí, lo conseguimos.
Extendí los brazos para recibir su abrazo helado.
—Bueno, ¿y ahora qué? —preguntó Barber. Lo miré casi
con tristeza.
—Ahora cruzaréis.
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Capitulo
43
Elizabeth se dio la vuelta y se acercó a él.
—Bueno, si alguna vez quieres pasarte por allí,
estoy en la primera tumba a la derecha de la zona nueva.
Barber se echó a reír.
—Yo estoy al otro lado. Mi funeral fue... agradable.
—El mío también.
—Puede que me equivoque —señalé, intentando no
partirme de risa—, así que no vengáis luego a atormentarme ni nada de eso, pero
estoy casi segura de que os veréis allí donde vais. Tengo la sospecha de que
los amigos y los seres queridos están muy cerca por allí.
—Es muy raro —dijo Elizabeth—. Ahora me da la
sensación de que quiero marcharme. Es casi como si no me quedara otra elección.
—Yo siento lo mismo —aseguró Barber, que tomó la
mano de Elizabeth como si quisiera anclarse a su lado.
—El impulso es fuerte —les expliqué—. ¿Por qué
creéis que no hay más como vosotros en el mundo? Es un lugar cálido y
atrayente; el lugar donde debéis estar.
Se miraron el uno al otro y sonrieron. Sin una
palabra más, se marcharon. Desde mi perspectiva, los cruces eran algo así como
ver desaparecer a la gente delante de mis narices. Notaba cómo se
deslizaban a través de mí. Sentía sus emociones. Sus miedos. Sus sueños y
esperanzas. Sin embargo, nunca había sentido odio, rencores ni celos. Lo que
más percibía era un abrumador sentimiento de amor. Cada vez que alguien
cruzaba, aumentaba mi fe en la humanidad.
Elizabeth le había dejado todo lo que tenía a sus
sobrinos y, Barber, unos cuantos años atrás, había contratado una escandalosa
póliza de seguros. Su madre iba a ser una mujer muy rica. Aunque no me cabía
duda de que ella habría preferido tener a su hijo, albergaba la esperanza de
que aquello le proporcionara cierto consuelo. Al final el abogado le había
dejado una nota, igual que Elizabeth y Sussman, y si bien la suya era un
poco... mordaz, seguro que su madre la apreciaría.
Me volví hacia Sussman.
—Y tú ¿qué?
Estaba mirando por la ventana. Agachó la cabeza.
—No puedo marcharme.
—Patrick, ellos estarán bien.
—Lo sé. Me iré, pero no ahora.
Desapareció antes de que pudiera decirle algo más.
—Hola, calabacita.
Miré a la tía Lillian, y estuve a punto de soltar un
grito al ver con quién estaba. En lugar de eso, me obligué a sonreír.
—Hola, tía Lil. Señor Habersham... —El señor
Habersham era el difunto del 2B, el tipo que había instigado la invención
del insecticida trascendental.
No dejaban de reírse y coquetear, así que no pude
evitar sonreír un poco. La tía Lillian tenía una expresión adorable en su dulce
rostro arrugado.
—Vamos a ir al Margarita Grill para poder oler la
langosta, y luego iremos a ver el amanecer. Y después es muy probable que
nos embarquemos en una ardiente sesión de sexo salvaje sin precauciones.
¿Q... Qué? Incluso mi diálogo interior tartamudeó.
No podía creer lo que acababa de oír. ¿De verdad servían langosta en el
Margarita Grill?
—Vale, tía Lil. ¡Pasadlo bien!
Está bien, lo admito, imaginarme a aquellos dos
embarcados en una ardiente sesión de sexo salvaje sin precauciones me resultaba
algo espeluznante, sobre todo porque a mi tía ya no le quedaba ni un diente.
Pero lo cierto era que sus cuerpos estaban a una temperatura cercana al punto
de congelación.
¿Cómo iba a ser ardiente?
Regresé al salón mientras me preguntaba si debía
contarle a Nicky lo que tramaba su tía abuela. Al final decidí no hacerlo.
—Aún no puedo creerlo —dijo con un gesto negativo de
la cabeza mientras retiraba el vendaje de mi tobillo—. Has sobrevivido a la
paliza de un borracho enorme que pretendía rehacerte la cara, a una caída de
más de tres metros desde una claraboya y no solo a uno, sino a dos intentos de
asesinato, para acabar derribada por un tacón. Siempre he sabido que estas
cosas son un peligro.
—La predisposición genética a las enfermedades
mentales también es un peligro, pero no veo que tú te quejes.
Soltó una carcajada y arrojó el vendaje sobre mi
sofá de segunda mano.
—La hinchazón ha bajado. Un montón. Es
impresionante.
La inflamación se había reducido. Supuse que Peter
tenía razón. Era cierto que me recuperaba muchísimo más rápido que la gente que
me rodeaba. Y que era mucho más difícil acabar conmigo.
Obviamente.
—No hace falta que me vuelvas a poner la venda.
Ahora me duele mucho menos.
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Otro capitulo de primera tumba espero q les haya gustado. mi novela perdi los 20 caps q tenia escritos y volvi a rehacerlos les pido paciencia.
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