Soltó una carcajada y arrojó el vendaje sobre mi
sofá de segunda mano.
—La hinchazón ha bajado. Un montón. Es
impresionante.
La inflamación se había reducido. Supuse que Peter
tenía razón. Era cierto que me recuperaba muchísimo más rápido que la gente que
me rodeaba. Y que era mucho más difícil acabar conmigo.
Obviamente.
—No hace falta que me vuelvas a poner la venda.
Ahora me duele mucho menos.
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Capitulo 44
—Está bien. Entonces me voy ya. Pero hay algo que
debo decirte —señaló mientras se ponía en pie y se dirigía a la puerta—. Hablé
con mi amiga la juez. Está revisando tu requerimiento.
El alivio inundó todas y cada una de las células de
mi cuerpo. Ahora solo tenía que averiguar qué hacer a continuación, cómo
detener al estado de forma permanente en caso de que Peter no saliera del coma.
—Y han llamado del despacho. El padre Federico
descansa en el hospital y te envía un enorme abrazo de agradecimiento. En estos
momentos, Teddy está con él. El padre quiere verte en cuanto puedas pasarte por
allí. —Se dio la vuelta para encaminarse de nuevo hacia la puerta, pero se
detuvo una vez más y se rascó la cabeza—. Y el fiscal del distrito iniciará los
papeleos necesarios para liberar a Mark Weir a primera hora de la mañana.
Avanzó hacia la puerta una vez más y se detuvo...
otra vez. Intenté no echarme a reír. A ese paso, jamás llegaría a su casa.
—Ah —dijo. Sacó la libreta y pasó unas cuantas
hojas—, y según parece, el agresor que intentó acabar contigo ayer, ese tal
Zeke Herschel, estaba a punto de convertirse en un asesino de masas. No fuiste
la primera persona a la que intentó matar. Gracias a Dios, pusiste fin a sus
correrías.
Contuve el aliento. Mis pulmones se quedaron
paralizados y noté un hormigueo en la espalda.
—¿De qué...? ¿De qué estás hablando?
—El departamento de policía tuvo que ir a su casa
esta tarde. Encontramos a su esposa en el dormitorio, ahogada en un charco de
su propia sangre.
La habitación se oscureció y el mundo se abrió bajo
mis pies.
—Uno de los peores casos de violencia doméstica que
he visto en mi vida. —Luché contra la fuerza de gravedad, contra el
impacto y contra un patético sentimiento de rechazo y negación. Pero la
realidad se abrió paso para darme una patada en el culo.
—Eso es imposible.
—¿Qué? —El tío Nico levantó la vista y dio un paso
hacia mí.
—La mujer de Herschel. No podía ser ella.
—¿La conocías?
—Yo... más o menos.
No podía estar muerta. Yo misma la había dejado en
el aeropuerto. Y me reuní con Herschel justo después. Era imposible que fuese
ella.
—Lali. —La dureza de la voz del tío Bob hizo que le
prestara atención—. ¿La conocías? ¿Hay alguna otra cosa que deba saber sobre
este caso?
—Te equivocas. No era su esposa. Tiene que ser otra
persona.
El tío Bob suspiró. Reconocer y enfrentarse a la
negación formaba parte de su pan de cada día.
—Es la señora Herschel, cielo. Como estaba
preocupada porque no había sabido nada de ella, la tía de la señora Herschel
vino en avión desde México. Fue ella quien identificó el cadáver esta tarde.
Me hundí en el sofá, me encerré en mí misma y me
dejé atrapar por la inconsciencia.
No oí al tío Nico marcharse. No tenía claro si
estaba dormida o despierta. Ni siquiera supe cuándo me había arrastrado hasta
el suelo para acurrucarme con la manta que guardaba en el rincón.
Y, sobre todo, no sabía en qué momento exacto me
había convertido en la chapucera monumental que siempre acababa por arruinarlo
todo.
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Les subo otro capitulo, espero para mañana tener uno o dos de mi nove, entiendanme l@s quiero.
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