martes, 15 de diciembre de 2015

Capitulo 44

Soltó una carcajada y arrojó el vendaje sobre mi sofá de segunda mano.

—La hinchazón ha bajado. Un montón. Es impresionante.

La inflamación se había reducido. Supuse que Peter tenía razón. Era cierto que me recuperaba muchísimo más rápido que la gente que me rodeaba. Y que era mucho más difícil acabar conmigo.

Obviamente.

—No hace falta que me vuelvas a poner la venda. Ahora me duele mucho menos.
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Capitulo 44


—Está bien. Entonces me voy ya. Pero hay algo que debo decirte —señaló mientras se ponía en pie y se dirigía a la puerta—. Hablé con mi amiga la juez. Está revisando tu requerimiento.

El alivio inundó todas y cada una de las células de mi cuerpo. Ahora solo tenía que averiguar qué hacer a continuación, cómo detener al estado de forma permanente en caso de que Peter no saliera del coma.

—Y han llamado del despacho. El padre Federico descansa en el hospital y te envía un enorme abrazo de agradecimiento. En estos momentos, Teddy está con él. El padre quiere verte en cuanto puedas pasarte por allí. —Se dio la vuelta para encaminarse de nuevo hacia la puerta, pero se detuvo una vez más y se rascó la cabeza—. Y el fiscal del distrito iniciará los papeleos necesarios para liberar a Mark Weir a primera hora de la mañana.

Avanzó hacia la puerta una vez más y se detuvo... otra vez. Intenté no echarme a reír. A ese paso, jamás llegaría a su casa.

—Ah —dijo. Sacó la libreta y pasó unas cuantas hojas—, y según parece, el agresor que intentó acabar contigo ayer, ese tal Zeke Herschel, estaba a punto de convertirse en un asesino de masas. No fuiste la primera persona a la que intentó matar. Gracias a Dios, pusiste fin a sus correrías.

Contuve el aliento. Mis pulmones se quedaron paralizados y noté un hormigueo en la espalda.

—¿De qué...? ¿De qué estás hablando?

—El departamento de policía tuvo que ir a su casa esta tarde. Encontramos a su esposa en el dormitorio, ahogada en un charco de su propia sangre.

La habitación se oscureció y el mundo se abrió bajo mis pies.

—Uno de los peores casos de violencia doméstica que he visto en mi vida. —Luché contra la fuerza de gravedad, contra el impacto y contra un patético sentimiento de rechazo y negación. Pero la realidad se abrió paso para darme una patada en el culo.

—Eso es imposible.

—¿Qué? —El tío Nico levantó la vista y dio un paso hacia mí.

—La mujer de Herschel. No podía ser ella.

—¿La conocías?

—Yo... más o menos.

No podía estar muerta. Yo misma la había dejado en el aeropuerto. Y me reuní con Herschel justo después. Era imposible que fuese ella.

—Lali. —La dureza de la voz del tío Bob hizo que le prestara atención—. ¿La conocías? ¿Hay alguna otra cosa que deba saber sobre este caso?

—Te equivocas. No era su esposa. Tiene que ser otra persona.

El tío Bob suspiró. Reconocer y enfrentarse a la negación formaba parte de su pan de cada día.

—Es la señora Herschel, cielo. Como estaba preocupada porque no había sabido nada de ella, la tía de la señora Herschel vino en avión desde México. Fue ella quien identificó el cadáver esta tarde.

Me hundí en el sofá, me encerré en mí misma y me dejé atrapar por la inconsciencia.

No oí al tío Nico marcharse. No tenía claro si estaba dormida o despierta. Ni siquiera supe cuándo me había arrastrado hasta el suelo para acurrucarme con la manta que guardaba en el rincón.

Y, sobre todo, no sabía en qué momento exacto me había convertido en la chapucera monumental que siempre acababa por arruinarlo todo.

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Les subo otro capitulo, espero para mañana tener uno o dos de mi nove, entiendanme l@s quiero.

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