jueves, 27 de abril de 2017

Capítulo 29

Capítulo 29


Nos sentamos en la zona de recepción, en unas sillas alcochadas que se mecían. Tuve que echar mano de todas mis fuerzas para no aprovechar y echar un cabezadita.

— La doce años con el doctor Kyost — contestó, mirándome con profunda tristeza —. Es tan buena persona… Qué injusto que le pase esto justo a él.

Vaya. Podía entender que consiguiera engañar a los amigos y a la familia, pero ¿a alguien con quien llevas trabajando a diario los últimos doce años? ¿Quién era ese tipo?

— ¿Lo había notado distinto últimamente? ¿Le preocupaba algo? ¿Le mencionó alguna vez si creía que lo seguían o si recibía llamadas de alguien que no contestaba al descolgar?

Estaba intentando determinar hasta qué punto eran predeterminadas las acciones del médico, si se había fabricado una coartada de antemano. ¿Había planeado agredir a su mujer o había ocurrido en un momento de enajenación mental?

— No, no hasta esa mañana.
— ¿Podría explicarme qué sucedió?
— Bueno, en realidad no lo sé — admitió, sacudiendo la cabeza —. Me llamó a casa el sábado por la mañana, histérico, para​ decirme que ese día no podría pasar visita en el hospital y pedirme que le preguntara al doctor Finely si podía sustituirlo.
— ¿Le comentó que su mujer había desaparecido?

Extrajo un bolígrafo del bolsillo de la bata y asintió.

— Incluso me preguntó si me había llamado. Dijo que la policía estaba en su casa y que seguramente también vendrían a hablar conmigo.

Anotó unos números en un gráfico, lo firmó y cerró el expediente.

— ¿Fueron a verla?
— Sí. Una agente del FBI vino a mi casa a última hora de la tarde.
— ¿La agente Carson?
— Sí. ¿Trabaja con ella?
— En cierto modo — contesté, procurando no pillarme los dedos —. Entonces, ¿no apreció cambios importantes en su comportamiento en los días que precedieron a la desaparición de su mujer?
— No, lo siento. Ojalá pudiera serle de mayor ayuda.

En fin, seguía sin saber qué había sucedido, pero en cualquier caso no parecía premeditado. Aunque era obvio que el tipo era bueno.

— Después de todo por lo que había pasado…

Me quedé helada.

— ¿Por lo que había pasado?
— Sí, con su primera mujer.

¿Esas campanas que suenan entre un rotundo y otro? Pues sí, en mi cabeza.

— Ya, su primera mujer. Una tragedia.

La lágrima que titilaba en las pestañas por fin se abrió paso entre estas y rodó por la mejilla. Se volvió para buscar un pañuelo, azorada.

— Lo siento mucho. Es que… Ya me dirá usted, morir así, tan de repente.
— Claro, claro, no se preocupe, me hago cargo.

Intenté no fijarme en cómo le temblaban los rizos al sonarse la nariz.

— Que se le pasará el corazón, y encima estando de vacaciones. Él doctor Kyost se quedó muy solo después de ese duro golpe.

Por fin íbamos por el buen camino. ¿La agente Carson no había mencionado algo relacionado con aquello? ¿Algo como que bastaba un palito para que se le detuviera el corazón?

— Tiene razón, es increíble.

Tenía que investigar aquello cuanto antes. Y Julia parecía más apegada al tipo de lo que había creído en un principio. Me pregunté hasta qué punto podía atribuírsele a él la ceguera de su ayudante. El amor juvenil era un poderoso elixir. Tendría que habérmelo imaginado. Lo que llegué a hacer por Thiago Bedoya, el tipo por el que estuve colada en mi último año de curso. Por desgracia, por entonces iba al jardín de infancia, si no estoy segura de que se habría fijado en mí.

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