jueves, 5 de febrero de 2015

Capitulo 18

Sabía exactamente cómo se sentía. A mí me pasaba lo mismo con Reyes. Entramos en la oficina, que también servía como galería de arte de una amiga mía llamada Paris. Mis paredes estaban repletas de oscuras obras abstractas que reflejaban la vida en el centro de la ciudad. Una de ellas era una perturbadora imagen de una chica gótica haciendo la colada y lavando la sangre de sus mangas.
...
_________________________________________________________________________________

La chica se parecía a mí; era algo así como una especie de broma, ya que yo detestaba hacer la colada. Por suerte, resultaba difícil discernir mi imagen bajo el frenesí de grises que rodeaban la escena.

Paris también trabajaba como tatuadora en una tienda cercana. Había diseñado el tatuaje de mi omóplato izquierdo. El del pequeño ángel de la muerte ataviado con una vaporosa túnica y unos enormes ojos inocentes que asomaban bajo la capucha. A Paris le encantaban las bromas.

Benjamin se volvió hacia mí. Me negué a reconocer su presencia mediante un contacto visual. En lugar de eso, colgué el bolso y puse en marcha la cafetera justo en el momento en que Euge aparecía en la puerta principal.

—¿Estás ahí, cielo?
—Aquí atrás —respondí—. Acabo de encender la cafetera. —Había colocado la cafetera en la oficina con la falsa excusa de controlar la ingesta de cafeína de Euge. En realidad, era mi alternativa a los ambientadores florales.
—Café. Gracias a los dioses —dijo Euge mientras abría la puerta que separaba su oficina de la mía—. Vaya. —Vio a Benjamin—. Señor Amadeo, no sabía que...    —El señor Amadeo estaba a punto de marcharse —le dije con mucho aplomo.

Benjamin me miró con sorna antes de dedicarle una de sus impresionantes sonrisas torcidas a Euge.    Menudo cabrón.

—Madre del amor hermoso —dijo Elizabeth, quizá con demasiado entusiasmo—. A eso es a lo que me refería.

Contuve un suspiro de impotencia y observé cómo Euge balbucía algo sobre papeleo y se despedía con un gesto de la mano antes de cerrar la puerta para concedernos un poco de privacidad.

—Sé exactamente cómo se siente esa mujer —ronroneó Elizabeth.

Me dejé caer en la silla situada junto al escritorio mientras Benjamin se acomodaba en la que había frente a mí.

—¿Y bien? —pregunté.
—¿Y bien? —me imitó él.
—No has venido de visita, Swopes. ¿Qué quieres? Tengo que resolver tres asesinatos.

 Mi tono resuelto pareció hacerle gracia.

—Estaba pensando que deberíamos salir a tomar café de vez en cuando.
—Maldita sea —dijo Elizabeth—. ¿Vais a salir a tomar café? ¿Puedo mirar? —La miré con el ceño fruncido.
—No vamos a salir a tomar café.

Benja agachó la cabeza, como si se obligara a mostrarse paciente.

—Mira —le dije, harta de su actitud—, ya te lo he dicho. Aceptar o no mi habilidad es cosa tuya. Prefiero que no lo hagas. Ahí está la puerta. Que tengas un buen día. Vete a la mierda.

Alzó la cabeza. Su expresión era seria, pero no enfadada, cosa que yo había dado por hecha después de mandarlo a la mierda.

—En primer lugar —dijo con una voz cargada de exasperación—, aún no me he acostumbrado a todo esto, señorita Vinagre. Dame un poco de tiempo.
 —No.
—En segundo lugar —añadió sin perder un instante—, solo quiero hablar contigo de ello.
—No.
—En serio, ¿cómo funciona?
—Muy bien.
—¿Ves muertos todo el rato?
—Cada dos fines de semana y en vacaciones.
—¿Están..., ya sabes, por todas partes?
—¿El culo de las ranas es impermeable? —pregunté al tiempo que me reclinaba en la silla y apoyaba los pies sobre el escritorio, con las botas de montaña llenas de barro y todo.

Crucé las piernas, uní las yemas de los dedos de las manos y le lancé una mirada asesina para enfatizar mi impaciencia mientras aguardaba, atacada de los nervios, a que Garrett tomara su decisión. Creer o no creer.

Solía llamar a aquella parte «el despertar», la parte en que la gente empieza a preguntarse si realmente puedo ver a los muertos. En esa fase todavía tienen dudas. La mayoría de la gente se estruja el cerebro en un intento por encontrar una explicación, cualquiera, de cómo hago lo que hago.

Y Benjamin Amadeo se esforzaba por encontrar eso mismo delante de mis propias narices. A fin de cuentas, los muertos no andan por ahí intentando descubrir quién los ha asesinado. Los fantasmas no existen. Todo lo que yo afirmaba era imposible.

El despertar era como una bifurcación en el camino, y el proverbial viajero debía tomar una dirección u otra. Por desgracia, la dirección que llevaba a Lali-ve-muertos era mucho más escabrosa que el camino más transitado y seguro de Lali-está-chiflada. Nadie quiere quedar como un tonto. Nueve veces de cada diez, esa única razón sirve para que la gente no se permita creer.

Benja me devolvió la mirada durante unos segundos y luego se concentró en mis dedos. Casi pude ver cómo giraban los engranajes de su cerebro. Después de unos instantes, comencé a pensar que aquellos engranajes necesitaban un buen lubricante.

—Pero ¿cómo sabías dónde encontrar el cadáver de la señora Ellery? —preguntó al final.
—No pienso explicártelo otra vez, Amadeo.
—En serio...
—No.
—¿Llevas haciendo esto desde los cinco años? —preguntó después de una larga pausa.

Solté un resoplido.

—Veo a los muertos desde que nací. Fue mi padre quien tardó cinco años en creerme. Pero cuando le dije dónde encontrar el cadáver de una niña desaparecida, se dio cuenta de que podría convertirme en una gran ventaja.
 —La niña Johnson —señaló Benjamin.

Intenté disimular mi estremecimiento. Aquel recuerdo no era uno de mis favoritos. De hecho me costaría muchísimo decidir cuáles son mis recuerdos favoritos, si alguien me lo pidiera. El día del fiasco de la niña Johnson, como me gustaba denominarlo, Denise tomó el camino transitado y seguro; decidió no creerme y me hizo prometer que nunca volveríamos a hablar del tema. También fue el día que comprendí que lo que hacía no era normal. Y que algunas personas, personas muy próximas a mí, me despreciarían por ello. Por supuesto, el hecho de que mi madrastra me abofeteara sin ton ni son delante de docenas de espectadores tampoco consiguió que me encariñara con aquel suceso en particular.

—¿Te encuentras bien? —quiso saber Sussman.

Casi había olvidado que estaban allí. Asentí de manera discreta.

—¿Sabes? —dijo Elizabeth—, creo que en realidad trata de mantener una actitud abierta.

Fruncí el ceño con evidente incredulidad. Fue un gesto mezquino, porque ella solo intentaba ayudar.

—¿Están aquí ahora? —inquirió Benjamin.

Suspiré, ya que en realidad no deseaba su antipatía. Pero él lo había preguntado.

—Sí.

Sacó su libreta.

—¿Puedes preguntarle a la señora Ellery cuándo es su cumpleaños?
—No.

Elizabeth dio un paso adelante.

—Es el veinte de junio. —La miré.
—Ya sabe cuándo es tu cumpleaños; solo quiere comprobar si puedo hacerlo.
—¿No? —preguntó Benja.

Parecía decepcionado, como si deseara que se lo dijera, como si deseara creer. Al menos durante cinco minutos. Eran los creyentes interesados los que más me inquietaban. Tenían la asquerosa costumbre de atizarme un puñetazo mortal cuando menos lo esperaba.

—Díselo y ya está —me pidió Elizabeth.
—No lo entiendes —repliqué—. La gente como él nunca llega a creérselo, no del todo. Siempre tendrá dudas. Siempre me pondrá a prueba, me pedirá información que ya posee solo para ver si la cago. —Volví a mirar a Benja—. Que se joda.
—Elizabeth —dijo Sussman—, tal vez deberíamos...
—¡No! —exclamó ella, y el grito me hizo dar un respingo que atrapó por completo la atención de Benja—. Díselo. —Se acercó a toda velocidad al escritorio y se inclinó hacia delante—. Necesita superar sus prejuicios y creerte. No sabe lo que se está perdiendo. Se pasará toda la vida con esa visión unidimensional del mundo en el que vive. No entenderá nada, no sabrá que los seres queridos a los que pierde van a un lugar mejor, que estarán bien.

Me di cuenta de que Elizabeth ya no hablaba de Benja. Hablaba de sí misma.
Me puse en pie y caminé a su alrededor.

—¿Qué pasa, Elizabeth?

Estaba a punto de llorar. Vi las lágrimas que brillaban en sus ojos claros.

—Hay muchas cosas que me gustaría decirle a mi hermana, pero ella es como él... Como yo. Yo tampoco te habría creído nunca. —Me miró con una expresión culpable, abatida—. Lo siento, Mariana, pero no lo habría hecho. Ni en un millón de años. Y ella tampoco te creerá.

Una sonrisa aliviada se abrió camino en mi rostro. ¿Eso era todo? Me había encontrado con aquel problema en multitud de ocasiones.

—Elizabeth —le dije—, de todos los problemas a los que nos enfrentamos ahora, ese es el único que tiene una solución fácil.

Benja observó nuestra conversación (o mejor dicho, mi conversación), pero debo decir en su favor que su expresión permaneció serena. He pensado muchas veces en lo ridícula que debo de parecerle a los vivos cuando hablo conmigo misma, cuando gesticulo sin cesar o abrazo el aire que hay delante de mí. Pero no siempre tengo elección. Si Benja se negaba a irse, tendría que lidiar con mi mundo. No estaba dispuesta a modificar mi comportamiento en mi propia oficina para apaciguar su delicado sentido del decoro.

Elizabeth sorbió por la nariz.

—¿A qué te refieres? ¿Qué solución?
—Deja una nota.
—¿Una nota?
—Claro. Es lo que hago siempre. Me evita muchas explicaciones —le aseguré al tiempo que movía el brazo a mi alrededor—. Díctame una nota y yo la escribiré en el ordenador, aunque le pondré una fecha anterior a tu muerte, por supuesto. Más tarde, esa nota será descubierta milagrosamente entre tus posesiones. Una especie de carta de esas de «En caso de que me sucediera algo». Cuéntale a tu hermana todo lo que quieras que sepa y fingiremos que la escribiste antes de morir. Tengo incluso a un chico que puede falsificar tu firma si quieres.
—¿A quién? —inquirió Benjamin.

Lo fulminé con la mirada a modo de advertencia. Lo que hacía con los muertos no era asunto suyo.    El hermoso rostro de Elizabeth se llenó de asombro.

—Es una idea brillante. Soy abogada. Soy mucho más organizada que el sistema decimal de Dewey. Ella se lo creerá.
—Por supuesto que se lo creerá —le dije al tiempo que le daba unas palmaditas en la espalda.
 —¿Puedo escribirle a mi esposa? —inquirió Sussman.
—Claro.

En aquel momento, todos miramos a Barber, suponiendo que él también querría escribirle a alguien.

—Yo solo tengo a mi madre, y ya sabe lo que siento por ella —aclaró.

Me pregunté si debía sentirme feliz por eso, o si debía entristecerme que solo tuviera a su madre.

—Me alegro —le dije—. Ojalá hubiera más gente que se tomara la molestia de mostrar sus sentimientos.
—Ya te digo. La he odiado desde que tenía diez años, así que no podría añadir mucho más en una carta.

Intenté ocultar mi sorpresa. Pero él la notó de todas formas.

—El sentimiento es mutuo, puedes creerme.
—Vale. En ese caso, solo dos notas.
—Oye —dijo Elizabeth, que de pronto tenía un aire pensativo—, ¿qué día empieza el verano?
—¿Piensas quedarte por aquí tanto tiempo? —le pregunté.

Se encogió de hombros y señaló a Benja con un gesto de la cabeza antes de subir y bajar sus cejas perfectas unas cuantas veces.

—Ah. —Intenté no echarme a reír—. El 20 de junio, aunque a veces...

Benja soltó una exclamación. Elizabeth cruzó los brazos y sonrió con satisfacción.

—Tienes razón —dijo Garrett—. Elizabeth Ellery nació el 20 de junio. —La miré con aire abatido.
—Me has tendido una trampa.
—Soy abogada —señaló, como si aquello lo explicara todo. Sí, Elizabeth me caía muy bien.

Regresé a mi silla y me senté con mi acostumbrada aparatosidad y falta de elegancia.

—Ella me ha engañado —le aseguré a Benja.

Él sonrió. Pero su sonrisa era diferente. Había cambiado, y comprendí por qué.

—No. No, no, no, no, no —dije mientras lo señalaba con el dedo—. Ni se te ocurra empezar con toda esa mierda.
—¿Qué mierda? —inquirió él, todo inocencia y candor.
—La mierda en la que empiezas a mirarme como si yo tuviera las respuestas a todas las preguntas del universo conocido. No las tengo. No puedo ver el futuro. No puedo ver tu pasado. Y ten por seguro que no puedo leerte la mano, sea eso lo que sea. No puedo...
—Pero eres una médium, ¿no?
—Colega —dije antes deinclinarmesobre el escritorio—, para tu información, estoy tan cerca de ser una médium como de ser una zanahoria.
—Pero...
—¡Sin peros! —Tenía un serio problema con aquella palabra que empezaba por «m». Nunca nos habíamos llevado bien. Me tapé los oídos con las manos y empecé a canturrear por lo bajo.
—Eso es madurez y lo demás, cuento.

Tenía razón. De todas formas, le saqué la lengua antes de bajar las manos.

—Oye, tengo más preguntas que respuestas. Estoy casi segura de que mis habilidades están más cerca de la esquizofrenia que de algo sobrenatural. Pregúntale a cualquiera. Si fuera comestible, sería un pastel de frutas.
—Esquizofrenia —repitió él con incredulidad.
—Escucho voces en mi cabeza. ¿Cuánto se acerca eso a la esquizofrenia?
—Pero acabas de decir...

Levanté el dedo índice para hacerlo callar. Aunque quizá el dedo corazón habría servido mejor a mis propósitos, debía explicarme antes de perder el terreno que acababa de ganar.

—Mira, cuando la gente se encuentra en la posición en la que tú estás ahora, cuando están a punto de creer en lo que soy capaz de hacer, utiliza todos sus recursos. Me interrogan, me hacen preguntas estúpidas. Quieren saber dónde ocurrirá el próximo terremoto o cuál será el número ganador de la lotería. En serio, ¿has visto alguna vez un titular que diga «Médium gana la lotería»? No soy una médium. Ni siquiera sé si existen los médiums, joder.
—Dile lo que eres —intervino Elizabeth con cierto nerviosismo mientras Benja ojeaba su libreta.

Le dirigí una de esas miradas desesperadas de «Cállate o muere». No obstante, no sirvió de nada. Seguramente porque ya estaba muerta.

—En serio —añadió—. Díselo sin más. Ahora empieza a creerte. Pensará que es algo asombroso.
—No, no pensará eso —susurré con los dientes apretados, olvidando que yo era la única persona en la estancia que podía oírla.
—«Persona sensible a cosas que están más allá del rango natural de percepción.» —Benjamin levantó la vista para mirarme—. Es la definición de médium.
—Ah, vale, de acuerdo. Tal vez —dije—. Pero aun así, detesto esa palabra. Y sus implicaciones.
—Me parece bien —dijo encogiéndose de hombros—. ¿Y qué es lo que no pensaré?

...

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Chic@s os dejo otros dos capitulos mas. No es maraton, son los que corresponden a mañana y pasado porq espero subir de mi novela.

No hay comentarios:

Publicar un comentario